Un cardiólogo examina a Jesús

Vivimos tiempos de graves crisis y tensiones en los ámbitos religioso, social, político y económico. Eso nos preocupa, pero no desvía nuestra atención del misterio eucarístico. Al contrario, motiva nuestra oración y reflexión ante Jesús-Hostia de donde procede y se irradia la paz, la santidad y todo beneficio. Vamos a nuestra reflexión.

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A Luis Pasteur, un sabio considerado bienhechor de la humanidad, se atribuye esta frase: “Un poco de ciencia nos aparta de Dios, mucha ciencia, nos aproxima”. La idea puede no ser precisa, pero contiene elementos de verdad. Qué oportuno sería que la atención de estudiosos e investigadores se volcase al análisis de ciertas realidades existentes, con todo el rigor de los elementos de que disponen, como lo hicieron algunos expertos que se entregaron al estudio del Santo Sudario de Turín o de la tilma donde se estampó milagrosamente la Virgen de Guadalupe de México, llegando a constataciones asombrosas y llenas de consecuencias para la vida de la fe.

Un destacado cardiólogo de Bolonia, Italia, el Dr. Franco Serafini, se dio afanosamente a la tarea de analizar cinco milagros eucarísticos reconocidos por la Iglesia, sometiéndolos a exámenes con métodos propios de la medicina forense y de rigor científico (Cfr. Portaluz–InfoCatólica. 26/04/25). Sus investigaciones solo se llevaron a cabo con la autorización del obispo local, que permitió la extracción de una diminuta muestra del fenómeno milagroso para su estudio. Las conclusiones a que llegó fueron sorprendentes y se publicaron en un libro cuyo título provoca la curiosidad del lector: “Un cardiologo visita Gesù”.

Veamos a qué constataciones, entre muchas otras, llegaron sus pesquisas: 1) En el caso de Lanciano, Italia – fue el primer milagro eucarístico objeto de su estudio –, destaca que una doble reliquia de carne y sangre permanece incorrupta desde hace más de trece siglos, sin la ayuda de ningún tratamiento químico. 2) Los tejidos extraídos muestran características que desafían la lógica médica, pues se han observado glóbulos blancos en perfecto estado de conservación. 3) En los cinco milagros analizados, el tejido encontrado pertenece al corazón. ¡Todo un símbolo! 4) Se constatan marcas de electrocución que habrían sido consecuencia de la resurrección, lo que remite a las teorías sobre el fenómeno electromagnético que pudo haber originado la impresión de la Sábana Santa de Turín. 5) Se constató coincidencia del grupo sanguíneo, grupo AB: este mismo grupo se detecta también en el Sudario de Turín y en la Santa Túnica de Argenteuil, Francia.

Desde hace tiempo ya se investiga sobre genética, ADN, células madre, energías naturales, recursos orgánicos, etc., por cierto, cosas interesantes y útiles. Ahora, profundizando sobre asuntos relacionados con nuestra salud física y espiritual ¿no podríamos llegar a conclusiones reveladoras – que fácilmente se intuyen pero que sería necesario probar – como, por ejemplo, la influencia benéfica de la Eucaristía en el comportamiento social de quien la recibe frecuentemente? Ha habido trabajos reveladores sobre la nocividad del uso inmoderado del celular, sobre el daño que producen los rayos catódicos de pantallas informáticas, sobre el menoscabo que hace al equilibrio mental el exceso de informaciones que las redes sociales nos ofrecen a diario. También, más recientemente, nuevas áreas del saber tecnológico han tomado la delantera como la robótica, lo que se ha dado a llamar “inteligencia artificial” o las ciencias ocultas; sí, sobre todo esto se elucubra y se sistematiza. Hasta ya se montó una computadora con neuronas humanas vivas…

Muchos “profetas de adelantos” – llamémoslos así –, tachan a la Iglesia Católica de ser demasiado rígida en su doctrina, especialmente en lo que toca a asuntos de fe y de moral; llegan incluso a calificarla de anacrónica. La verdad es que la Iglesia siempre ha mantenido relaciones con el mundo científico y muchas conquistas científicas nacieron en su seno. Ella sostiene haber una relación armónica entre la ciencia y la fe como consta en documentos pontificios de los últimos tiempos. Los objetantes de la Iglesia no soportan que ella proclame dogmas, al tiempo que aplauden la dictadura de “dogmas” tan nocivos como el del relativismo o el de la infalibilidad de las mayorías.

Benedicto XVI, con su reconocida agudeza, afirma en su libro “Luz del Mundo, una conversación con Peter Seewald”: “Gran parte de la filosofía actual consiste realmente en decir que el hombre no es capaz de la verdad. Pero, visto de ese modo, tampoco sería capaz de ética. No tendría parámetro alguno. Y un afamado autor espiritual del siglo XX, el Padre Garrigou-Lagrange OP, escribió estas frases inspiradas: “La Iglesia es intolerante en los principios porque cree, pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen, pero son intolerantes en la práctica porque no aman”. Tal cual.

Celebremos que el citado cardiólogo que “examinó a Jesús” haya sumado a su benemérita práctica médica, estudios complementarios de gran valía. Y que con su libro se haya revelado un apóstol.

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños” (Lc 10, 21). Los “pequeños” (léase los humildes) son dados a creer sin mayor dificultad. Lástima que los “sabios y entendidos” den muchas veces saltos temerarios en lo obscuro irrespetando la vida y las leyes naturales, en lugar de penetrar en las virtualidades latentes de cosas que ya existen, obras de Dios o de los hombres, como lo hizo nuestro médico boloñés.

P. Rafael Ibarguren EP

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